Barcelona acoje porque fue tu casa y fue casi la mía.
En el metro la gente va llena de cosas: bolsas de El corte inglés,
un ojalá me la encuentre esta noche, un no quiero dormir sola.
Y la mujer de las medias marrones
rezando por encontrar a alguien que se las quite.
Se enredan los te quieros en las lenguas de los urbanitas
y nunca llegan a salir
porque en la ciudad todo es cemento
y nadie cede a querer
sin la seguridad de lo eterno, de lo que no se derrumba.
Así que no hay te quieros en Barcelona
y tú y yo caemos presos de tanta entropía.
La gente va llena de cosas: un móvil androide,
una vida paralela, un mensaje clavado en el miocardio.
Y la niña de trece que engaña a sus padres
que creen que está en casa de una amiga estudiando para el lunes.
Barcelona es caótica, pero fue tu casa.
Contiene en su interior a seis millones de orejas deseando
oir de otra boca
que le quieren y le piensan.
Y nadie lo hace
menos tú.
"Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias." John Locke.
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dilluns, de gener 23, 2012
dijous, de setembre 01, 2011
Septiembre, pero no
Me despierto y el patio de luces huele a lentejas. Sé que estoy en Madrid porque la cama es grande y estoy sola, pero el olor a lentejas me perturba un poco. Me habré dormido y será medio día. Pero no. Son las diez de la mañana y el patio de luces huele a lentejas. Porque ya es septiembre, pienso. Ya hace días que lo sé. Septiembre lleva en campaña desde hace una semana. Se anuncia en el cielo de Madrid, que nunca termina de romperse, a pesar de mis ruegos. Me he dado cuenta de que en el interior, la llegada de septiembre es radical. Adiós a la luz. Adiós al calor. La gente está triste, lo noto en cuanto salgo a la calle. Podría ser un día más, igual que ayer. Pero no. El aire es más frío, el metro va más lleno de gente que no habla. No hay músicos deséandote buenos días, solo pordioseros. Una monedita por favor. Y nadie la da, como de costumbre. Yo sigo sumergida en mis libros, en mis ideas, en mi no-futuro. Podría haber cambiado. Pero no. Sigo igual. Igual que en agosto, que en julio y en junio. Igual que siempre. Septiembre en Madrid es cruel, pero para mí son solo 30 días. Acaso los últimos aquí. Acaso los primeros del resto de mi vida.
dimecres, d’agost 10, 2011
Historias del metro (I)
Los últimos golpes recibidos me han llevado a leer un libro (aconsejada por Nacho) de principios de meditación que intento leer con recelo para no volverme majareta. Básicamente se resume en el tan famoso carpe diem que, por más que nos repitan, solo recordamos cuando todo va mal. Iba en el metro, camino hacia este trabajo que, tal vez gracias al libro, me parece cada vez menos tedioso. Leía la parte en la que un jefe de una reserva india le explica a un blanco que no entendía qué les pasaba a los blancos. “Siempre andan buscando algo, están ansiosos. Pero no saben qué es lo que buscan y es que tal vez no deben buscar nada”. Y entonces pensé que era la frase más verdadera que había oído en mucho tiempo. Nos pasamos la vida buscando algo, ajeno a nosotros y futuro. Y no lo encontramos porque la única realidad es la presente. La única realidad es que somos, ahora. La revelación me ha iluminado tanto (esa sería la palabra adecuada para el tono del libro) que me he movido de mi asiento, golpeando sin querer a la señora que se sentaba a mi lado.
Perdón.
No te preocupes. Sus ojos de setenta me han sonreído. Señal de que estamos vivos, ¿no?
Sí. Señal de que lo estamos.
dimecres, de juliol 06, 2011
Todas las canciones huérfanas
Veía en el metro hoy a un señor de unos cincuenta años mirando con ilusión dos discos que, deduzco por su embalaje, acababa de comprar. Me ha traído recuerdos de cuando compraba discos y pasaba todo el camino hasta llegar a casa esperando el momento de oírlo. Preparaba el escenario como si fuera una primera cita; por aquél entonces tenía bañera y me traía una lamparita para que fuera todo más íntimo, junto con el radiocasete. Y entonces llegaban todas las canciones, con paciencia, y recorrían los pasillos de mi conciencia en busca de una puerta que, no sé, tal vez custodiara la habitación de la memoria emotiva. Algunas canciones lo lograban, otras no, pero me obligaba a escuchar todas y cada una de las canciones porque aquel CD era ahora mi CD y me había costado 2500 pesetas (sí, pesetas). Al final, terminaban gustándote canciones que odiabas tras la primera escucha, gracias a este sistema de... no sé si llamarlo amortización. Ahora ya no funciona así. Las canciones que una vez escuchadas no provocan algo en ti, no las vuelves a escuchar y ya está. Se quedan flotando, en un espacio indefinido. Algo así como el limbo, a la espera de que un alma por fin las bautice y puedan ir al cielo o al infierno de las canciones. Son canciones suspendidas, que apenas rozan ni manchan. Que no martillean conciencias. Sólo la mía.
dimecres, de novembre 25, 2009
en el metro
piensas que hace frío. la gente que te rodea ya adorna sus cuellos con bufandas y grandes pañuelos. las pieles de ellos son blancas, no queda nada del sol ni de ese aire naranja. ni de las piscinas, ni del gazpacho de tu abuela. ha llegado el sol de invierno, aunque te fastidie. el cambio de hora retrasó todos tus tiempos y ahora duermes por el día. vives en un ritmo uniformemente acelerado, como te explicaron en la ESO. hacia adelante, cada vez más rápido pero sin grandes esfuerzos. sin pensar en el camino, sólo en el fin. llegar al trabajo. llegar a casa. hay cielos preciosamente encrespados entre los edificios grises, esperando ser cazados por alguna retina. aunque nadie los mira. ni tú, ni tú tampoco. cada uno corre, con su silencio, con sus palabras por decir. y tú detrás de ellos. correr. correr pero ¿para qué? para llegar a casa y estar sola. para masturbarte mirando una película japonesa mientras piensas en qué hará él. para dormir abrazada a la almohada sin atreverte a llamarle. para darte cuenta de que no eres feliz. para eso. para eso vas corriendo a todos los lados y te fijas en la gente y piensas en que hace frío. en realidad, no hace frío. es todo una pretensión del frío. tal vez porque es casi diciembre y hace un año que duermes sola. y en tu cama sí, ahí sí que hace frío.
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