Me pasa.
Me está pasando.
Practico todas las mañanas un ejercicio de reconocimiento:
aquí mis ojos, aquí mi boca.
Aquí mi hueco, todos mis vacíos.
Pero soy distinta.
Me pasa que ya no me preocupan
los que no me quieren.
Ignoro lo que escondo detrás de cada risa
o dónde guardo las lágrimas ahora, que ya no las uso.
Me pasa que ya no me caigo
ni necesito que me remonten.
Que no sé dónde quedan las marcas
de este cuerpo bombardeado por los desengaños,
por la soledad.
Por todos mis muertos.
Y también me pasas tú.
"Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias." John Locke.
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divendres, de gener 01, 2016
dimecres, de maig 28, 2014
Desde que ya no me besas
Levantarme, buscar el interruptor a tientas, el electroshock en las retinas, el ruido del telediario matinal mientras me quema el café con leche que ya no me apetece pero me obligo a beber, como me obligo a peinarme, a ponerme las pestañas, los pómulos, la sonrisa. Y me miro desde el otro lado, con la cara buena, la de mentira, y me guiño un ojo y me mando un beso, y cuándo fue la última vez que me besaste, me interrogo, y qué distinto besarás ahora. Me siento en el coche, canturreando los viejos éxitos de un cantante decrépito que ya nadie recuerda y los camioneros deprimidos de la autopista, fumando de buena mañana, quizá escuchen lo mismo que yo, quizá por eso están tristes, o quizá sea, me digo, porque tampoco les besan. Pasa el día. Entre cadenas de mensajes, entre copias ocultas y toneladas de plástico, entre puñaladas de gente que no se quiere, gente a la que tampoco besan, afirmo, y por un momento parece que la empatía me consuela. Salgo a correr y lo hago en círculos, porque estoy perdida y tengo miedo de no saber volver ahora que sé que no vendrás a buscarme, que no notarás mi ausencia. Y llega la noche y me pongo las legañas para poder dormirme y ni por esas; son las dos de la mañana y no consigo arrancarte de mí y lo que es peor, de mis labios, tan marcados que no dejan que otras bocas encajen.
dimecres, d’abril 30, 2014
Distancias
Me marcho y acaso eso me
acerca de algún modo a ti, a tus viajes constantes y a tu falta de tiempo, a tu
ojalá estuviera yo allí, ojalá estuvieras tú aquí. Pero ni estoy
ni estás y yo me marcho y tengo la sensación de que, como tú, estoy en un lugar
al que no pertenezco; ni siquiera mi pecho consiguió ser tu casa y, si lo fue, yo
no lo sentí. Me marcho y aunque vuelvo, creo que nadie espera mi regreso. No sé
si también te ocurre; que te vas y no sabes si dueles o si alivias. Me marcho pero
vuelvo y tengo un caos esperando mi llegada: dejarme absorber o alejarme; matar
o morir. Al final todas estas incoherencias tienen una raíz: él no termina de
morirse y yo no termino de vivir.
divendres, d’abril 11, 2014
Los días de antes
Un día dije que no haya nada en los días de antes. Que están vacíos, que no hay señales ni conexiones.
Me equivoqué.
Me equivoqué.
dilluns, de març 10, 2014
#Incógnitas
Y ahora, ¿a dónde irán
todos los hijos muertos
de mi vientre yermo?
Y ¿qué dolor causará el amor
todos los hijos muertos
de mi vientre yermo?
Y ¿qué dolor causará el amor
si ya no te tengo?
dimecres, de novembre 20, 2013
Agosto invernal
Tal vez la mayoría desconozca
nuestro invierno en pleno verano.
En agosto hubo una explosión de hielo,
aunque fuera hiciera calor.
La gente a nuestro alrededor
estaba sudando
mientras tú me hablabas.
Salían estalactitas de tu boca
aunque ya no te escuchaba;
no te diste cuenta hasta tarde de que yo
hablaba más fuerte
y con más urgencia,
de que te estaba gritando
desde antes,
mucho antes de que tú
me empezaras a congelar.
La nevada en pleno agosto nos pilló
sin abrigo
ni portal
en el que resguardarnos.
Quemé todas las camas
por tener algo de calor.
Mis manos cuarteadas,
como prueba del invierno,
congelaban cada rastro tuyo
que quedaba en mi interior.
¿Quién podía prever lo de este invierno de agosto?
Por lo menos
este otoño
nos coge preparados.
Tú con cuello alto;
yo con forro polar.
Un verano,
tres inviernos.
Terminé mi mudanza al Polo Norte.
Esta vez ya no me muevo, por si se te ocurre volver.
nuestro invierno en pleno verano.
En agosto hubo una explosión de hielo,
aunque fuera hiciera calor.
La gente a nuestro alrededor
estaba sudando
mientras tú me hablabas.
Salían estalactitas de tu boca
aunque ya no te escuchaba;
no te diste cuenta hasta tarde de que yo
hablaba más fuerte
y con más urgencia,
de que te estaba gritando
desde antes,
mucho antes de que tú
me empezaras a congelar.
La nevada en pleno agosto nos pilló
sin abrigo
ni portal
en el que resguardarnos.
Quemé todas las camas
por tener algo de calor.
Mis manos cuarteadas,
como prueba del invierno,
congelaban cada rastro tuyo
que quedaba en mi interior.
¿Quién podía prever lo de este invierno de agosto?
Por lo menos
este otoño
nos coge preparados.
Tú con cuello alto;
yo con forro polar.
Un verano,
tres inviernos.
Terminé mi mudanza al Polo Norte.
Esta vez ya no me muevo, por si se te ocurre volver.
dimarts, de novembre 12, 2013
El fin de semana que hubo un tornado
Hacía viento y tú estabas lejos.
Entre tu esquina de la cama y la mía había
un país entero
con ciudades desiertas
- ciudades arrasadas -
por una guerra,
tal vez,
por un desastre natural.
Un país con ríos y montañas
más bien una cordillera
una alta,
monstruosamente alta.
Tan alta que
cuando te decidiste a cruzarla
te entró miedo.
No me quiero caer, me dijiste.
No desde tan alto.
Fuera el viento hacía de las suyas.
Volaban sillas. También contenedores
y la basura bailaba sola.
Es un tornado universal, te dije.
Arrasará con todo.
Y en aquél silencio de después observé
lo que parecía un pronóstico:
destrozarlo todo
para volver a construir.
Entre tu esquina de la cama y la mía había
un país entero
con ciudades desiertas
- ciudades arrasadas -
por una guerra,
tal vez,
por un desastre natural.
Un país con ríos y montañas
más bien una cordillera
una alta,
monstruosamente alta.
Tan alta que
cuando te decidiste a cruzarla
te entró miedo.
No me quiero caer, me dijiste.
No desde tan alto.
Fuera el viento hacía de las suyas.
Volaban sillas. También contenedores
y la basura bailaba sola.
Es un tornado universal, te dije.
Arrasará con todo.
Y en aquél silencio de después observé
lo que parecía un pronóstico:
destrozarlo todo
para volver a construir.
dilluns, de novembre 04, 2013
25+1
Cumplir años me pone melancólica desde que él ya no los cumple.
Tuve dudas de casi todo.
De la dureza de mis órganos.
Del hielo en mis lagrimales.
De la elasticidad de tu piel.
Ahora ya sé que lo del pecho es un callo a base
de tanto echar de menos, no de tanto querer.
Quiero recuperarme.
Dar más fuego a este otoño intermitente, a estas sombras que me visitan.
Que se vayan.
No te vayas.
Tuve dudas de casi todo.
De la dureza de mis órganos.
Del hielo en mis lagrimales.
De la elasticidad de tu piel.
Ahora ya sé que lo del pecho es un callo a base
de tanto echar de menos, no de tanto querer.
Quiero recuperarme.
Dar más fuego a este otoño intermitente, a estas sombras que me visitan.
Que se vayan.
No te vayas.
dimecres, d’agost 07, 2013
Primera guerra mundial
Ya no recuerdo
los incendios en la cama,
la explosión de mi pecho,
la urgencia de los cuerpos
desnudos
por deborarse,
ni tus cabellos
erizados
como palmeras
en tormenta de agosto,
en vendaval violento de verano.
Tan violento
como el día de hoy.
los incendios en la cama,
la explosión de mi pecho,
la urgencia de los cuerpos
desnudos
por deborarse,
ni tus cabellos
erizados
como palmeras
en tormenta de agosto,
en vendaval violento de verano.
Tan violento
como el día de hoy.
divendres, de gener 11, 2013
Canibalismo in extremis
Tan solo cayó un muro
pero yo siento
que ya no hay nada que me sustente.
No sé en qué momento me volví frágil
del mismo modo que ignoro el instante
en el que desaparecí de mí.
Tal vez fue Madrid
o que ya no esté.
La falta de amor,
las camas sin deshacer...
Verás, no creo en la suerte
pero
vuelve a encontrarme.
Y sé mi alimento.
Que me muero de hambre.
pero yo siento
que ya no hay nada que me sustente.
No sé en qué momento me volví frágil
del mismo modo que ignoro el instante
en el que desaparecí de mí.
Tal vez fue Madrid
o que ya no esté.
La falta de amor,
las camas sin deshacer...
Verás, no creo en la suerte
pero
vuelve a encontrarme.
Y sé mi alimento.
Que me muero de hambre.
en la caja de
Madrid,
rabia,
tiempos cambiantes,
tristeza
dissabte, de desembre 29, 2012
Vómitos XVIII
Vomité a las seis de la mañana. Podría ser que soñara, pero creo que no, porque recuerdo la taza del váter y en el fondo, en el agua, mi cara, mi frente desnuda, y yo rogándome: sácate de mí. Arráncate de mí. Otra vez estas tripas, preguntándose el por qué, como años atrás, como un año atrás, por qué me haces esto, Andrea, por qué me destrozas. La garganta seca, el estómago vuelto, el humo en mi pelo, los restos de cerveza en mis papilas y ahí lo tienes: lo volví a hacer y no me dejas. Tengo la necesidad de olvidar lo que soy, lo que no tengo y podría tener, lo que ya no quiero en mí. Tengo necesidad de quemar esta casa que habito y resurgir de nuevo, con nuevos vicios, con nuevos estigmas, rellenar estos vacíos que dinamitan mi cuerpo. Y no me dejas, joder. No me dejas.
dilluns, de novembre 05, 2012
[25]
En mis vint-i-cinc aprendí algo nuevo:
lo doloroso ya no me duele tanto.
Fue parte de esta asimilación del dolor,
de que tú no estés
y nosotros sí sigamos.
Me daba tanta pena...
Están aquí estos vint-i-cinc
y debo deciros que fantaseé
con que ya tendría hijos,
una casa tal vez,
y un perro los domingos.
Sin embargo ahí estaba
soplando mis vint-i-cinc
sobre una cuajada
cuya miel se hizo cera fundida.
Y él estaba allí
pero ni rastro de los hijos,
ni de perros,
ni de casas
aunque sí sopló conmigo
y probablemente creyó
pedir el mismo deseo.
Pero no, amor.
Lo que deseé soplando el dos rojo
y el cinco
(que ya casi era un interrogante invertido)
fue que el dolor por fin cicatrice
como casi-casi lo está haciendo
y que cumpla muchos más
a tu lado
de estos que se escriben con guión:
hasta el noranta-nou.
lo doloroso ya no me duele tanto.
Fue parte de esta asimilación del dolor,
de que tú no estés
y nosotros sí sigamos.
Me daba tanta pena...
Están aquí estos vint-i-cinc
y debo deciros que fantaseé
con que ya tendría hijos,
una casa tal vez,
y un perro los domingos.
Sin embargo ahí estaba
soplando mis vint-i-cinc
sobre una cuajada
cuya miel se hizo cera fundida.
Y él estaba allí
pero ni rastro de los hijos,
ni de perros,
ni de casas
aunque sí sopló conmigo
y probablemente creyó
pedir el mismo deseo.
Pero no, amor.
Lo que deseé soplando el dos rojo
y el cinco
(que ya casi era un interrogante invertido)
fue que el dolor por fin cicatrice
como casi-casi lo está haciendo
y que cumpla muchos más
a tu lado
de estos que se escriben con guión:
hasta el noranta-nou.
divendres, d’octubre 26, 2012
Vómitos XVII (o la vida, que no llega)
Otra vez esa sensación.
Correr.
Pero hacia ningún lado.
Nada termina nunca de llegar.
Mis esperanzas se asemejan a los topos de luz que se cuelan por las persianas.
Intermitentes,
pequeñas lumbres que consiguen calentar el interior de mi pecho
donde nacen los deseos,
las ilusiones.
Pero
insuficientemente reales,
insuficientemente grandes como para que algún día
consigan que ardan.
No encuentro la salida.
Vivo atrapada entre estas costillas,
golpeando órganos,
alimentando vísceras
y sin poder salir.
Veo el exterior a través de los agujeros que dejó la carcoma.
Ésta es mi casa:
un escudo roído,
un caparazón apolillado.
Hay vida ahí fuera
y si algo bueno tiene
este alma de corcho
es
que la lluvia la cala
pero nunca,
nunca la ahoga.
Correr.
Pero hacia ningún lado.
Nada termina nunca de llegar.
Mis esperanzas se asemejan a los topos de luz que se cuelan por las persianas.
Intermitentes,
pequeñas lumbres que consiguen calentar el interior de mi pecho
donde nacen los deseos,
las ilusiones.
Pero
insuficientemente reales,
insuficientemente grandes como para que algún día
consigan que ardan.
No encuentro la salida.
Vivo atrapada entre estas costillas,
golpeando órganos,
alimentando vísceras
y sin poder salir.
Veo el exterior a través de los agujeros que dejó la carcoma.
Ésta es mi casa:
un escudo roído,
un caparazón apolillado.
Hay vida ahí fuera
y si algo bueno tiene
este alma de corcho
es
que la lluvia la cala
pero nunca,
nunca la ahoga.
dijous, d’octubre 04, 2012
Amputación
Aún te reconozco en las calles, aunque estés ya tan lejos, a 13.000 kilómetros. Tullida, siento que todavía no te he perdido, que aún no te han arrancado - o te has arrancado, por necesidad - de mí. Llevaba tiempo sin llorarle y ahora te lloro a ti, tan real y tan fugitiva, de camino hacia la vida. A veces pienso si no es este dolor envidia y si no es esta amputación una barbarie, cruel pero necesaria, para que por fin comencemos a asumir responsabilidades; para que, al fin, comience mi juego y aprenda, como tú, a jugar a la vida, [a la vida sin ti].
en la caja de
del corazón,
tiempos cambiantes,
tristeza
dimarts, de març 20, 2012
Vómitos. XVI
Por fin tormenta, aunque apenas moja. Es solo luz y ruido, como yo, solamente luz y demasiado ruido. Voy haciendo desde el abismo, sin llegar a caer, sin llegar a mojarme. Let it be. Pero a veces me pregunto si no sería más fácil dejarse vencer. Aceptar que esta lucha diaria me cuesta el estómago, que me siento perdida a pesar de que ando por un solo camino; un viaje de ida sin seguro por cancelación. Lo sentimos, no puede cojer otro vuelo. Tome el mejor sendero, nunca lo sabrá. Disfrute del viaje. En este constante déjà vu de sentimientos, vuelve a mí el miedo por lo estático. Aún no me he rendido pero sé de dónde vengo y vuelvo a visualizarme a los pies de un viejo trabajo que no llena el alma, pero sí el bolsillo. Tantos planes por hacer y ninguno se materializa. Tantos acuerdos empezados y ninguno termina. Será que necesito de puntos finales para continuar adelante. Pasar página. Cerrar puertas. Abrir ventanas. Por si llega la lluvia y, por fin, moja.
en la caja de
diarrea mental,
miedo,
sin más,
tiempos cambiantes
dilluns, de febrer 27, 2012
Reflexión sobre el verano que nunca existió, el futuro que no tengo y la no huida. O de cómo consigues salvarme.
El único periódico que me dio voz ha cerrado. Tras la tristeza por todos aquellos que seguían gritando desde sus páginas (excompañeros de un verano que ya en su momento no existió y ahora, menos que nunca), llegó el egoismo. Sí, así somos los humanos. Tras acordarme de aquellos que se habían quedado sin trabajo, regresé a mi realidad. Me pregunté que qué sería de mí. Si no era la muerte del único medio en el que existí un adelanto de mi propia muerte. Me pregunté si tal vez no debería cambiar de rumbo, elegir otra profesión, tratar de ser feliz en otros caminos que, al fin y al cabo, no los tengo tan cerrados. Tener un sueldo a final de mes que me permitiera estar libremente esclavizada. Ser adulta, al menos. Solo eso, que ya ni en mi edad mando yo.
En este futuro caótico, tengo la sensación de que el horizonte se desdibuja y de que corro hacia ningún lado, sin ninguna meta, sin ningún aliciente más que el de correr mismo. Corro por correr del mismo modo que se vive por vivir.
Pero sé que no es tan simple y que he perdido referentes y costumbres y que a veces dudo de si todavía soy yo. Ya no escribo a mis amigos a pesar de lo fácil que me lo ponen las tecnologías. ¿Pereza? Tal vez. O igual es que no tengo cosas que contar o que no me apetece escuchar siempre lo mismo. "No te preocupes, que algo saldrá". Y no sale nada en este mundo que se hunde desesperadamente, que no lo digo yo, lo dicen los telediarios y también lo dicen esos amigos a los que no llamo. "Habrá que irse", dicen, igual o más jodidos que yo. Y yo no les respondo porque, ¿cómo te marchas del mundo?
Disculpad tanto caos y tanta verborrea.
Pero entonces, siempre llegas tú.
dilluns, de febrer 13, 2012
Grecia desde tu cama
El mundo está cabreado. Nosotros, a nuestra manera, también protestamos y prendemos fuego a la cama y enredamos nuestras lenguas, cargadas de palabras necias, de rabias, de frustraciones. A nosotros, como al mundo, también nos duele el hambre y la incertidumbre. Hallarnos al borde del abismo, a punto de resbalar cuestionándonos si tal vez no sería mejor dejarnos caer. Fin. El mundo está lleno de gente como tú y como yo, que se saben perdidos en medio de este desastre de cajones llenos de sueños, de bragas en el suelo, de sudor manchando la almohada y de gritos, por fin gritos, que demuestran nuestro enfado. Mientras nosotros ardemos, Grecia también incendia su propia aurora. Un atisbo de esperanza para nuevos amaneceres que, sin duda, vamos a tener que construirnos con nuestras propias manos. Así que ya ves, prendimos fuego a esta guerra fría. Ahora, solo nos falta salir de la cama.
dijous, de gener 19, 2012
Renacer (o Ya no)
Volví a dejar el café. Mi estómago se queja a su manera y gracias a él, paso las noches sobria. El mundo es distinto desde hace poco y me siento viva. Recorro caminos de ida dos veces. Voy. Y vuelvo a ir. Ya no le tengo miedo a vivir. Siento el revuelo de algo nuevo, aún sin rostro y aún sin alma, pero reconforta. Los días son distintos aunque tienda siempre la misma ropa. Y Madrid, que no se termina de marchar, me duele cada vez menos. Me estoy encontrando. Paso tiempo sola y ya no lloro. Mantengo conversaciones intrapersonales y me escucho. Ya no me asusta oir lo que pienso.
Ya no me asusto.
Ya no me asusto.
dissabte, de desembre 31, 2011
(...)
Estrenaremos calendario y acaso peor que el anterior, pero al menos compartiremos coordenadas. Me da miedo porque lo noto; me estoy quedando vacía y si sigo así, pronto me convertiré en carne y piel. Tengo miedo de que te canses y no quieras ser más mi calavera y abandones la lucha nocturna que iniciamos hace cuatro meses cuando cada noche te susurro no te mueras. Y no lo haces. Llevo meses llorando a un muerto para evitar que se muera más, para que no se olvide. Pero créeme: es tan difícil como llorarle a los vivos para que no se mueran, ni se me olviden. Para que no se queden perdidos por algún rincón de mi memoria y regresen, de madrugada, a martillearme el alma.
en la caja de
caos,
miedo,
tiempos cambiantes,
tristeza
dilluns, de desembre 12, 2011
Agosto kafkiano
Necesito que sepas que he mutado y ya no soy el sitio de dónde vengo o el lugar del que huyo. Tampoco soy la llamada hasta que contesten, ya no. He cambiado. O cambié, no sé qué pretérito es más perfecto para la ocasión. Necesito que comprendas que ya no haré propósitos de año nuevo porque mi año empezó en agosto. Puede ser, me lo dices a veces, que mi vida tal y como yo la conocía - con la belleza, la alegría y los hombres buenos - acabara en agosto. Que me convertí en lamentos que buscan volver al lugar del que salieron, al lugar del que no debieron salir. Es probable que en agosto me atomizara, tras noches enteras tratando de encontrar sentido a la injusticia, a lo crudo y a lo cruel, a todo aquello que no venía de ti, que jamás vendría de ti. Pero quiero que sepas que aunque esa Andrea ya no exista, sigo desarrollando las actividades más vitales, como querer o tratar de no perderme, de no perderte. O luchar por que cada mañana, cuando suene este despertador absurdo que programo, no me quede paralizada viendo cómo me llega la vida.
en la caja de
diarrea mental,
memorias,
tiempos cambiantes
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