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dijous, de setembre 26, 2013

Vómitos XIX

Ver cosas tuyas habitando cosas mías. Son objetos huérfanos, que ya no te pertenecen, pero tampoco los siento míos. Tus cosas están por todas partes. Mi rincón con tus gafas de buceo. Mis cajones con tus bufandas. Todavía no hace frío, me consuelo, y me tranquiliza pensar que aún queda un tiempo para usarlas y llevar tu olor pegado al cuello. Un olor que, ahora que lo pienso, quizá tampoco te pertenece. Quién sabe a qué olerás ahora. A otras camas. A otras salivas. Estoy borrando tus rutinas y costumbres. Mis reproches, la cuenta de las veces que te pedí que me salvaras y no lo hiciste. 
Ahora necesito abandonar tu azotea. Reconstruir el nido que fui para los pájaros que un día me enseñaron el camino a tu casa. Volver a poner los cimientos para este cuerpo doblado. Y alimentar, de nuevo, lo bueno que crece en mí. 

dijous, de maig 16, 2013

Vivos muertos

Ayer me dio por pensar en que nuestra vida, en realidad, está compuesta por todos estos rituales monótonos, mécanicos y vacíos a los que cada día nos sometemos. Y no nos gustan pero seguimos como esclavos de un entorno que nos dicta qué hay que hacer. Cuándo hay que comer. Cuánto tiempo tenemos para soñar. Tan árido es el ambiente que, llámame estúpida, pero pensé en que quizá eras tú el que estaba vivo y nosotros los que estábamos muertos.

dimecres, de maig 08, 2013

Nuestra guerra

Cuando digo amor pienso en el mar y por mar me refiero a las olas y me imagino balanceándome, enredada en ellas, aunque cuando hablo de ellas, en realidad, hablo de ti; de mí en tu cintura, de mis vacíos encajándose, por fin, en tus vertientes y por vertientes digo precipicios, las rocas donde van a romper mis manías, donde se para el hambre que impulsó esta guerra. Nuestra guerra. Y cuando hablo de hambre, en realidad, hablo de trenes, de aviones que se alejan, del sabor metálico en la boca de después, por tantos labios mordidos. Por hambre, me refiero como sabes, al salitre de mis lágrimas bombardeando tus acantilados, que no te mojan, pero sedimentan y cristalizan y algún día romperán tus fundamentos, y la casa caerá, enferma de aluminosis. Nuestra guerra, como ves, es una guerra silenciosa, a veces congelada, tapada por el amor que nos tenemos y el hambre que se estrella contra tus muros, contra tus dientes de leche, tan de niño, en ese cuerpo al que ya no pertenecen.

dimecres, de desembre 19, 2012

Polisílabos de la supervivencia

Se ve que, en contra de lo que yo creía, no hay orilla. Me lo contaron ayer, que lo nuestro es nadar mar adentro y que nunca hay descanso. Acaso una tabla a la que agarrarse mientras se continúa nadando. Tal vez flotar y que te lleve el mar, pero siempre sin descanso. Que somos náufragos, dijo. Y si te admiro es porque, de algun modo que todavía no logro entender, eres tabla y consigues salvarme de la vida que me ha tocado nadar.

diumenge, de novembre 18, 2012

dijous, d’abril 12, 2012

Febril sinsentido

Hoy la vida es lo que ha quedado de mí en la cama tras una noche de fiebre. El peso de lo que fue mi alma, casi 21 gramos, convertidos en lágrimas, sudor y saliva. Todo está ahí, entre el colchón y la almohada. Y a pesar del descenso de peso en el alma y del particular delirio febril solo puedo atender a las letras que, de lejos, me apuntalan con sus largas grafías. "T". "u". Consciente de mi inconsciencia, en lo más hondo solo espero de mí que siempre estés tú. Que, hasta el final, formes parte de este viacrucis que camino con esta pena tan particular que, a tu lado, apenas entristece.

dimarts, de març 20, 2012

Vómitos. XVI

Por fin tormenta, aunque apenas moja. Es solo luz y ruido, como yo, solamente luz y demasiado ruido. Voy haciendo desde el abismo, sin llegar a caer, sin llegar a mojarme. Let it be. Pero a veces me pregunto si no sería más fácil dejarse vencer. Aceptar que esta lucha diaria me cuesta el estómago, que me siento perdida a pesar de que ando por un solo camino; un viaje de ida sin seguro por cancelación. Lo sentimos, no puede cojer otro vuelo. Tome el mejor sendero, nunca lo sabrá. Disfrute del viaje. En este constante déjà vu de sentimientos, vuelve a mí el miedo por lo estático. Aún no me he rendido pero sé de dónde vengo y vuelvo a visualizarme a los pies de un viejo trabajo que no llena el alma, pero sí el bolsillo. Tantos planes por hacer y ninguno se materializa. Tantos acuerdos empezados y ninguno termina. Será que necesito de puntos finales para continuar adelante. Pasar página. Cerrar puertas. Abrir ventanas. Por si llega la lluvia y, por fin, moja.  

dilluns, de desembre 12, 2011

Agosto kafkiano

Necesito que sepas que he mutado y ya no soy el sitio de dónde vengo o el lugar del que huyo. Tampoco soy la llamada hasta que contesten, ya no. He cambiado. O cambié, no sé qué pretérito es más perfecto para la ocasión. Necesito que comprendas que ya no haré propósitos de año nuevo porque mi año empezó en agosto. Puede ser, me lo dices a veces, que mi vida tal y como yo la conocía - con la belleza, la alegría y los hombres buenos - acabara en agosto. Que me convertí en lamentos que buscan volver al lugar del que salieron, al lugar del que no debieron salir. Es probable que en agosto me atomizara, tras noches enteras tratando de encontrar sentido a la injusticia, a lo crudo y a lo cruel, a todo aquello que no venía de ti, que jamás vendría de ti. Pero quiero que sepas que aunque esa Andrea ya no exista, sigo desarrollando las actividades más vitales, como querer o tratar de no perderme, de no perderte. O luchar por que cada mañana, cuando suene este despertador absurdo que programo, no me quede paralizada viendo cómo me llega la vida.

dissabte, d’octubre 29, 2011

Oquedad

No lo hagas. 
No coloques tus dedos 
entre mis vacíos
porque duele
y me asusta
que descubras mi verdad.
Que no soy nada.
Que en mi cuerpo guardo un hueco
donde encajan
todos aquellos asuntos que no consigo encajar:
la mentira, los dolores, las muertes.
Y qué pena pero
también...
También tus dedos.

dijous, d’octubre 27, 2011

Hoy me busqué en el espejo y me encontré contándome tonterías

¿Qué pasará si nunca llega el día en el que me sienta del todo completa? ¿Qué pasará si todos mis cimientos se derrumban por aluminosis? ¿Si me entero de que todos los mensajes de buenas noches que he recibido han sido de mentira; que toda la gente que me ha mirado a los ojos y me ha dicho que me quería, jamás lo pensó de verdad? ¿Qué pasará cuando tu azotea deje de ser mi refugio, cuando los pájaros pasen de largo porque no les pueda alimentar con la podredumbre que habita en mí? ¿Qué pasará cuando me mire al espejo y cada vez sea más mi madre y menos yo?
Si ese día llega e interpreto el papel de actriz secundaria en el teatro de mi vida, miraré muy seria al público y les diré:
"¿De qué os sorprendéis? Deberían habéroslo explicado en la escuela: la gente ya no se muere de amor. Se muere de pena".

dimecres, d’octubre 19, 2011

La vida sencilla

Ando. Despesperada, pero ando.
Tengo una tesina sin acabar, un tutor que no responde a mis llamadas
y una fecha de caducidad.
Tan cercana...
Engendro ideas grandes (¡gigantes!) en mi cabeza
que no soy capaz de ordenar.
El caos, la hecatombe.
La explosión inminente.
Y sin embargo, soy feliz.
Hago cosas sencillas como ir al gimnasio,
un trabajo de fotografía científica 
y preparar despedidas de soltera para gente casada
(sin penes, sobre todo nada de pitos).
Es difícil, porque tengo al fotógrafo japonés de mi tesina
todo el día en la cabeza
y al final sueño mezclado.
Cosas raras.
Como pérdidas de ordenadores en los horizontes
o sexo tántrico entre colchonetas inflables.
Efectos colaterales de la vida sencilla.

Ya ves, así estoy.
Ya no echo de menos y es raro.
A todo se acostumbra una; hasta a lo malo.
Eso sí; como mal. Siempre lo mismo
y con pan.
Ir al gimnasio es mi escudo:
"come lo que quieras que luego lo quemas".
Es un precioso ejemplo de pez que se muerde la cola.
Yo, que quería estar buenorra para la re-boda.
La de la despedida de no-soltera; ya sabes.
Madremía cuánta incoherencia.
Cuánta estupidez.
Lo mismo será tantas horas delante de esta pantalla cargada de "vidas reales".
Será que me adapté al mundo 2.0.
Tal vez crea que si no dejo escrito aquí lo que pienso,
será como si jamás lo hubiera pensado.

dimarts, de setembre 06, 2011

0609//6090. O el día en el que me derrumbé

Un teléfono me cuenta que dos más dos es matemáticas, que hay gente joven que sigue a la vieja pero se pierde, pero es culpa de otros, siempre son los otros, comento, pero el teléfono ya no contesta. Hay un televisor. Voces sin sentido, que si hoy saldrá el sol pero hará frío, que si ¡ja!, ¿qué te has creído? Luego una voz que me pide, escribe sobre esto aunque no tengas ni puta idea, que ¿qué es un rover? un robot galáctico, las estrellas galácticas, galaxias galácticas hechas de tus/mis/nuestros trozos. Qué grande es la vida, que si no somos nadie, que si blablabla, que si la vida era esto, que cómo puede ser que hace dos días te gustase el puré de patata y ya no, Andrea, hijamía, que no hay quien te entienda y ya hablamos luego. Dos tonos pero no cojes y yo te lo pido. Ese es mi código morse. Dos tonos. Llámame. Que me llames, que estoy llorando y quiero que me escuches al otro lado y que creas que tienes la culpa. Pero tranquila que no, no la tienes. La culpa es mía. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Ya no soy atea. Que si igual es la regla, que igual estoy cansada, igual es la gripe que estoy incubando. Igual es el hecho de no tener casa, tal vez la incertidumbre, lo mismo es la cama, tan grande, tan fría. A lo mejor tu mensaje, colándose por el lagrimal derecho. Tan corto, tan simple. Igual es el mes que no cumples. O el indio de Toño, el de dar sin esperar nada a cambio. Igual es porque jamás seré india ni iré a la India.
O lo mismo es por el sueño de anoche, que no me dejó inventarme una vida sin ti.

dimarts, d’agost 23, 2011

Vómitos XIV. Hablé de dormir.

Hace sueño. Tuve la tentación de llamar a mi antípoda – esa que vive en un lugar diametralmente opuesto al mío – y avisarla. Hoy va a hacer sueño, decirle, así que descansa tú que aún puedes. Estas son las cosas de cuando tengo sueño. Pienso en los husos horarios, que siempre se me antojaron como reflejos. Juego a un juego que se llama andreaenotrahora, así, todo junto, sin tónicas. Se trata de imaginar mi posible vida si viviera en otro lugar y en otro horario. Un espejismo de mi posible vida en Tokio, por ejemplo. Y entonces intento imaginar mis lagrimales segregando tristeza o alegría en una ciudad artificialmente iluminada y me divierto porque me parece inverosímil, algo imposible de creer cuando aquí es medio día. Ahora mismo, reflexiono, existen corazones golpeando en el mismo instante y sin embargo, si se detienen, sus dueños morirán en horas distintas. Mi reflexión se extiende a mí. Es fruto del ego que estoy macerando, supongo. Y me recuerdo la realidad: tú aquí; yo allí. Vivimos en otro espacio, me digo, pero al menos compartimos el tiempo y ahora vivimos a la vez. Sin contratiempos, ni descuentos ni prórrogas. Y esta diarrea mental me lleva al pobretoño, pobrecito, me entristezco, él que nunca había querido, él que no quiso jugar para no poder perder. Darse cuenta de que todo lo que te rodea jamás te perteneció. Que ha sido otro reflejo, otro espejismo. Querría decirle que todo se pasa. Que se arreglará y agarrarle la mandíbula y traerle hacia mis ojos para que consiga mirarme. Y decirle mira yo, mírame a mí. Todo pasa, ya verás. Pero la tristeza me revuelve el estómago y lo relleno con galletas para evitar vomitar palabras y sentimientos que duelan más. Y contra todo pronóstico, vomito una especie de diccionario, dulce, que consigue rellenar vacíos, pero que no palia el dolor. Cuanto vómito sin sentido. No sé si es que estamos despiertos o tal vez ya estemos dormidos.  

dilluns, d’agost 22, 2011

Forastera

Hoy, cuando volaba de Barcelona a Madrid, iba en el avión una monja. La verdad, esta última semana ha hecho que me acostumbrara (aún sin quererlo) a la presencia de personas que trabajan para el Señor. Pero cuando he visto a la monja en el avión, destino Madrid, destino a la ciudad en la que la JMJ ya había llegado a su fin, no he podido evitar sentir que la mujer llegaba tarde. Como un gazapo. Una figura deslocalizada. ¿A qué irá ahora a Madrid si todo se ha terminado? Cuando he puesto los pies en el suelo (madrileño) he notado que hacía un frío terrible. Yo, que venía del agosto. Del agosto de Nacho, del agosto de una piel que siempre cede, que siempre quiere, de una carne dulce y candente, siempre dispuesta a acogerme. Y de repente, el frío de Madrid. El inexplicable frío del desierto. La frialdad en la aridez de la tierra que no recibe, la tierra extranjera donde no brota vida, al menos no brota la mía. Y con el frío y las nubes me ha dado por pensar en la monja y en si no era yo como ella, metida en un avión, destino a un lugar en el que nada me espera, al que llego tarde porque todo ha terminado ya. Una figura deslocalizada, eso soy yo. Un gazapo de la vida, un 'busca a Wally'. Un corazón recientemente caliente para esta soledad fría.  

dimecres, d’agost 17, 2011

Vómitos XIII

Podría. De verdad que podría perder tiempo en eso. Pero andreamadremía que suficientes penas tienes. Enfadarse, con todo lo que conlleva. Y odiar… que mira que odiar es muy cansado. Prefiero recordarme la situación actual. Que ya no está. Que en realidad blablablá. Lo que sea. Cansa. Porque sí, escúchame: estoy cansada. En este momento de trance, solo quiero volver a ser yo. Y aceptar las pérdidas. Y asumir el dolor.  

dimarts, d’agost 02, 2011

Ágata no se enamora

Mon amour, me dices con tu francés de bote, querer es dar. Es levantarse a las 5 de la mañana para recogerlo en la estación. Es no importarte que se beba tu último sorbo. Darle la parte del sandwich más rellena. Llorar cuando llora porque también te duele. Incluso dar tu vida, ¿entiendes? Morir por el otro, ¡imagínate! Pero enamorarse, en fin, enamorarse es más complicado. Es loco, dramático. Más irracional. Es perder tu yo. Sentir la ausencia del otro como sentirías que te faltara un pedazo de corazón. Enamorarse, mon amour, es incluso matar si te lo pide. Y morir sí, pero matar, uy, matar sí que no.  

dimarts, de juliol 26, 2011

El orden de las cosas

Aprendí a valorar el orden de las cosas. Le contaba hoy a Laura mi obsesión con la doble personalidad que estoy desarrollando. Le decía que Madrid saca lo peor de mí; que aquí soy una chica tímida que ni ríe ni llora ni siente. Autómata, robótica, mecánica y esdrújula.  Sobrevivo, que no es poco, pero cuántos esfuerzos por sobrevivir y qué poco cuesta morirse un poco. Le decía también que las conversaciones intrapersonales entre mi cerebro y mi otro yo (que no sé dónde habita) están empezando a convencerme de que soy alguien que no era. Mi vida ahora son dos sitios; aquél en el que existo y aquél en el que habito. El primero es mental. El segundo, físico. No sé cuál me ha sido autoimpuesto. No me echo de menos, estoy asumiendo la realidad que me ha tocado vivir. Acepto esta soledad de lunes a viernes porque sé que cuando vuelvo al Sol me reconozco más fuerte que nunca y aprecio características inesperadas. Como el orden de las cosas. Aunque se desordenen cada vez que un tren me separa del calor de un cuerpo siempre dispuesto a querer. Y eso sí que se echa de menos.

dijous, de juliol 21, 2011

Vómitos XII

Madrid se me aparece como un desierto. Árido, solitario y cruel. Sobreviviré, supongo, porque aún no es tarde para remediar la extinción que estoy provocando yo misma. Me asusta casi todo. Ir hacia adelante, ir hacia atrás. No ir. Decidir qué quiero ser, como cuando era niña y quería vender coches porque eran caros. Ahora me da por pensar si no habrá sido mi pensamiento infantil el más crudo y realista de todos los que he tenido.  Las preguntas qué quiero ser y qué soy se desdibujan en mi mente. Me vienen cinco letras gigantes, viajando desde la oscuridad más profunda de mis ojos cerrados hasta la realidad de mi frente. ¿Quién?, leo. ¿Quién va a secarme las lágrimas si me quedo en este desierto? Ayer, sin ir más lejos, me descubrí hablándome para comprobar si mi voz aún sonaba. Creo que lo peor de la soledad no es sentirla. Es aceptarla.     

dimecres, de març 30, 2011

vómitos XI

necesito una dosis de energía.
algo que me aleje
de tus dudas
que me parten en dos.
me dividen el alma
estallando una guerra
(en mi cuerpo)
para la que sólo tengo dos armas:
nuestras palabras,
que nos rompieron las gargantas
y este amor, que me desgarra
y hace que me duela,
como nunca antes me ha dolido,
el corazón.

dijous, de març 03, 2011

estados (de ánimo)

desde la rabia escribo fuerte. eres un gilipollas. un cabrón. un niñato.
desde la tristeza, escribo como si estuviera peor de lo que estoy. te echo de menos, no sé estar sin ti. en qué me he metido.
desde la alegría escribo como si el mundo fuera un lugar maravilloso. no hay nadie como tú; esta canción la compusieron para nosotros; desde que estamos juntos, sale más el sol. 
sin embargo, llevo unos días escribiendo desde el silencio.

y es por eso que parece que no diga nada.