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dijous, de setembre 26, 2013

Vómitos XIX

Ver cosas tuyas habitando cosas mías. Son objetos huérfanos, que ya no te pertenecen, pero tampoco los siento míos. Tus cosas están por todas partes. Mi rincón con tus gafas de buceo. Mis cajones con tus bufandas. Todavía no hace frío, me consuelo, y me tranquiliza pensar que aún queda un tiempo para usarlas y llevar tu olor pegado al cuello. Un olor que, ahora que lo pienso, quizá tampoco te pertenece. Quién sabe a qué olerás ahora. A otras camas. A otras salivas. Estoy borrando tus rutinas y costumbres. Mis reproches, la cuenta de las veces que te pedí que me salvaras y no lo hiciste. 
Ahora necesito abandonar tu azotea. Reconstruir el nido que fui para los pájaros que un día me enseñaron el camino a tu casa. Volver a poner los cimientos para este cuerpo doblado. Y alimentar, de nuevo, lo bueno que crece en mí. 

dilluns, de maig 13, 2013

Consuelo del pasado

Me gustaba ponerle nombre
a las cosas que nos rodeaban
y llamé
a la cena que nos unió
- hace ya muchos años -,
al perro que no tuvimos,
y a ti en mi boca
Consuelo.
Consuelo por los años que no vendrían,
por las veces que no nos tendríamos,
por las camas que dejaríamos intactas.
No sé qué es de ti y
aunque comparto recuerdos contigo
ya no te conozco.
Sólo quería contarte
que aquí todo sigue igual
aunque ya nada es lo mismo.


dimarts, d’abril 09, 2013

Los ojos

Todavía no consigo comprender cómo conseguiste aparecerte en medio de aquél país, en medio de aquella noche. Quizá tú no lo sepas, pero no huía de ti. Ya no. Y sin embargo, volviste a presentarte, fruto de esta extraña persecución que emprendiste hace ya casi dos años. Al principio dudé: otro cuerpo, otra cara. Pero luego te vi en los ojos, en esos otros ojos que al final resultaron ser tuyos. Los ojos nunca mienten, por desgracia, y en mi fondo supe que eras tú y fue muy raro porque creo que notaste que te había descubierto. Deja ya de perseguirme. Quiero dejar de encontrarte en cuerpos maltrechos que me den lástima, que dejes de ser una sombra errante. Quiero dejar de escuchar tus historias, de leerte la pena en forma de comas, de puntos y aparte, porque ya no te quiero.

dimecres, de gener 30, 2013

Sabiduría

Apenas le conocía. Ignoraba que calzaba un 43, que se mordía las uñas, que las tristezas le quitaban el hambre, que se tenía que quedar abrazado durante media hora después de follar. Y pese a todo sonreía porque se sabía vencedora y disfrutaba de esa información parcelada que él le ofrecía, de esos nodos sin nexos, porque sabía que llegaría el día en el que por fin los uniría y construiría un mapa con la piel y los huesos. Sabía que algun día alcanzaría a tocar la galaxias de lunares que alberga en su espalda y que las iría derrumbando, una a una, alejándolas de su gravedad para encontrar, por fin, el agujero supermasivo del centro; el vacío en el que todos guardamos las huellas del alma.  

dimecres, d’abril 25, 2012

Contra la anestesia

Los niños ya no se parten dientes en el parque porque ya no hay columpios de hierro ni toboganes de hierro. Ahora juegan en parques acolchados sin temor a esta vida que vivimos; son los niños anestesiados contra el dolor. Nosotros, en cambio, nos abríamos las cejas en cada columpio con el que jugábamos. Albergo en mi cuerpo cicatrices de toboganes crueles, de tropezones con piedras crueles que terminaron incrustándose en mis rodillas durante las tardes crueles que pasé en los parques del hierro. Cada herida de mi rostro son mis huellas dactilares y me recuerdan desde el espejo que la vida duele.
Internet se llena de almas que buscan el parque acolchado que nunca tuvieron. Anestesia del dolor del presente porque, cómo duele el presente, señores.
Dios creó Internet y los parques acolchados. Luego llegó la tristeza.

Sé que en algún lugar del mundo todavía quedan parques de hierro en los que abrirse brechas. Y allí me dirijo, sin anestesia.

divendres, de maig 20, 2011

Huellas en el alma

Si hay algo maravilloso en los enamoramientos fugaces entre extraños, es el hecho de que nunca se llegan a materializar, me empezó a contar. Te pasas todos esos minutos, que la vida te ha cedido para que compartas con tu amor ajeno, imaginando cómo besarán sus labios. O qué tacto tendrán sus dedos y qué olores sus cabellos. Qué espacio de tu vientre conseguirían rellenar sus manos. Y luego llega el juego de mirar sin que te mire para exponerte, más tarde, como si fueras una isla virgen que alberga tesoros secretos. Y bajas del tren, o del autobús sintiendo una péridida terrible. ¿Y sabes por qué?, me preguntó. Negué con la cabeza. Porque consigue besarte en el lugar más íntimo; allí, donde no dejas entrar a nadie: en el alma. Y créeme, Andrea. Las huellas que tienes en el alma no se borran jamás, sentenció.  

dimarts, de maig 17, 2011

nocturnidades I

qué rápido llega el futuro
y ya todo es pasado.
todo.
sé que mañana
la huella del tiempo
se volverá inmortal.
y labrará un surco,
al lado del ojo
que me recordará
a las noches que pasé sin sueños
y a los sueños que pasé sin ti.